La determinación del agua inicia la magia. El cauce mece su cuerpo de serpiente recogiendo sus orillas en forma de caricia.
La tierra, que la huele, rememora su amor, antiguo y profundo, aquel primer abrazo que dio forma al vacío.
Y, tras convocar a los amantes, ¿regresarás, abandonado al bello recuerdo? ¿Te alejarás girando en el tibio remolino del alma?
No. ¡Llama al fuego! Como la primera vez que sentiste quién eras, o aquella en que hiciste imposible el regreso. Como la balada del último adiós, o como el primer recuerdo.
Y cuando su calor sea más intenso, invoca también al viento para que abrase el cielo. Que se funda en un estallido de luz del que solo podrás regresar traído por el trueno.