La Devi-Mahatmya

El sabio habló: Durante cien años los dioses y lo los Asuras lucharon por la supremacía de los tres mundos, cuando Mahisha era el señor de los Asuras e Indra señor de los dioses. La valentía y el arrojo de los Asuras les llevó a la conquista, y Mahisha tomo el lugar de Indra.

Los treinta dioses, vencidos, se presentaron ante Shiva y Vishnu, y les describieron con precisión lo ocurrido. «Mahisha domina sobre las jurisdicciones del Sol, Indra, Agni, Vāyu y la Luna, de Yama y Varuṇa y de los otros dioses. Expulsados por ese Mahisha con alma malvada de Svarga, todas las huestes de los dioses vagan por la tierra como mortales”. Con estas palabras solicitaron refugio para ellos y la destrucción de Mahisha.

Una intensa gravedad se reflejaba en los rostros de Vishnu, Shiva y Brahma por lo que habían oído. Concentraron estas emociones y las convirtieron en una enorme energía que comenzó a surgir por sus bocas. Los dioses siguieron su proceder, y sus cuerpos también concentraron y proyectaron su potencia que, unida, impregnó los tres mundos, y de tal cúmulo de vitalidad se autogeneró la diosa, la Devi, que desarrolló su rostro tomando la fuerza de Shiva, y con la de Tama hizo crecer su cabello, con la de Vishnu sus brazos, los pechos gemelos formados de la Luna, con la de Indra la cintura, y las piernas y muslos obtenidos de la de Varuna, y con la de la Tierra sus caderas; los pies tomaron la energía de Brahma, y sus dedos, del Sol, y con la de Vasus, creó sus manos; la nariz de Kuvera, los dientes de Prajapati, los tres ojos se desarrollaron por la potencia de Agni, las cejas por la de los dos crepúsculos, y los oídos con la de Vayu.

Los dioses la admiraron atónitos, invadidos por una gran alegría. Lo que cada uno de ellos era, no se podía aproximar a lo que ahora veían que era el único resultado posible de la unión de tales fuerzas. Movidos por una profunda conmoción, se fueron aproximando ofrendándole sus propios símbolos y armas. Primero el tridente, que sería su emblema distintivo. Luego Krisna entregaría su disco, y Varuna una caracola; Agni, la lanza; Maruta, el arco y las flechas, e Indra, el rayo de trueno; los Mil-ojos cederían la campana de su elefante, Airvata; Yama, la vara del Destino, y el señor de las aguas una soga; Brahma, un cuenco de barro; el Sol le entregó sus propios rayos, y el Tiempo, una espada y escudos nuevos; también recibió una joya de cresta celestial y un brillante ornamento de media luna, además de joyas y armas de la mejor factura. Finalmente, el señor de las serpientes le entregó una cobra para que colgara por su cuerpo y fue coronada con la flor de loto. Entonces prorrumpió en una risa tan potente que los tres mundos retumbaron, haciendo temblar al mar y desplazarse las montañas. Los inmortales se unieron a la explosión de alegría haciendo llegar la sacudida a las últimas esferas celestes.

Asura Mahisha y su horda se preguntaban alarmados “¡Qué es esto!”, pero entonces se vieron impregnados por la luz de la Devi que lo llenó todo. El gran general Asura llamado Cikshura se lanzó contra ella, y tras él, el Asura Camara con su caballería y el Udagia con miríadas de carros; y Mahahnu, y Yaskala, y cada Asura se unían al ataque arrastrando a la batalla más elefantes, carros y caballos de guerra, hasta que al Asura Mahisha se vio flanqueado por un ejército de millones. Arrojaron sus armas a la Devi, que las apartaba con sus brazos, mientras el león que le servía de montura acosaba enfurecido a las tropas.

A cada profunda respiración de la Devi exhalaba miles de seres humanos que fortalecidos por la energía de la diosa, destruían los ejércitos y a los propios Asuras, cuyos generales, viendo que la derrota les amenazaba, se lanzaron uno a uno, en combate con la Devi, que dio muerte a algunos, mientas a otros, embrujados por el sonido de su campana, los apresó, y aún, algunos más, cayeron despedazados bajo las garras del león.

Los humanos que marcaban el ritmo de la lucha con sus tambores e instrumentos, continuaron con la música, ahora para celebrar y bailar cada victoria. Los Asura demostraron su valor, pero sus esfuerzos no obtenían fruto, así que el propio Mahisha tomó forma de búfalo, atemorizó a los hombres y arremetió contra el león. En su furia, hacía derrumbarse las montañas, removía el mar y rasgaba las nubes con sus cuernos, por lo que la diosa le echó el lazo y lo inmovilizó. En ese momento cambió su forma para escapar y se convirtió en león, pero la diosa le cortó la cabeza, a lo que respondió transformándose en un hombre que atacaba con su escudo y cimitarra, pero la Devi le atravesó con sus flechas, y como respuesta se convirtió en un gran elefante, pero la diosa le partió por la mitad con su espada. Volviendo a su forma de búfalo bramó sacudiendo todo lo que es movible y lo que es inmóvil. La madre del mundo tomó a sorbos la bebida sublime una y otra vez, riendo con la boca roja por el hidromiel. Entonces ella, la Noche del Destino, saltó sobre el Asura dándole una patada en el cuello que fue mortal, momento en el que todas las cosas creadas lanzaron el grito “¡Conquista!”

Todos los dioses y grandes sabios la alabaron cantando sus mil nombres. Ella, Ambika, cuyo cuerpo comprende todos los poderes. Ella, Candika, que destruye el miedo al mal y cambia la mente. Ella, Shakti, la energía, que llena la vida, donde nace la inspiración. Ella, Durga, invencible en su terrible violencia que todo lo arrasa. Ella, Parvati, la montañesa que reina en los altos picos del Himalaya. Ella, Kali, la negra destrucción, la oscura desolación. Ella, Yogishvari, que enseña los caminos internos a los ascetas. Ella, Ammá, madre cuyo regazo concede la mayor protección. Ella, Uma, misteriosa mandataria de la noche oscura. Ella, Shanti, cuya capa de paz desciende trayendo la felicidad buscada …. Oh tú, Mahdevi, gran diosa de los tres mundos.

Notas sobre el relato.

Este cuento toma el tema, el argumento y los personajes, del Markandeya Purana (s. VII) y concretamente de los capítulos “La Devi-Mahatmya. Masacre del ejército de Asura Mahisha”, y siguientes.

Los Puranas son libros religiosos hinduistas, y este en concreto se considera no sectario, ya que es neutral con respecto a los dioses Vishnú y Shiva, u otros. Otra de sus peculiaridades, es que contiene 22 capítulos, del 78 al 90, en los que se glorifica a la diosa, e incluso, como en los relacionados con el episodio que nos concierne, se la presenta como la más poderosa de todos ellos, ocurriendo esto en el contexto de unas creencias que relegan a la mujer, y por tanto a la diosa, a un papel menos que secundario.

Los dioses en litigio, los Ahuras o Asuras y los Daevas, son dos tipos de divinidades comunes a los indoiranios, que, cuando se separan en dos grupos, indo e iranios, toman caminos opuestos. Para los iranios los Ahuras pasan a ser dioses benefactores y los Daevas se demonizan, mientras que en el Indo el proceso es el opuesto. Precisamente en el Markandeya Purana encontramos esta transformación contada desde el punto de vista hinduista. El artículo “Bajo la luz de Ahura Mazda”, de este mismo blog, profundiza en el tema.

El relato original está repleto de símbolos que han permanecido, y que están llenos de interés, pero en cuyos significados no se ha entrado, dado el carácter de este escrito. Desde Svarga, el grupo de mundos celestiales ubicados en el mítico Monte Meru del que son expulsados los Daevas, hasta el tridente, emblema de la Devi, relacionado con diosas madres de diferentes lugares, por lo que es posible que sea una reminiscencia de tiempos anteriores, y realmente un “símbolo distintivo”, o las referencias a otras literaturas que encontramos en la escena en la que los dos protagonistas se transmutan en animales para obtener ventaja. Una muy lejana en el contexto y, sin embargo, llena de semejanzas está en “El Libro Rojo de Hergest”, (1382 – 1410) que, contiene las aventuras del druida Taliesín, y nos cuenta la persecución del Gwion por la bruja Cerridwen. Se puede ver un extracto del texto en el artículo “La transformación del mito en el ciclo artúrico”, en este mismo blog.

No hemos profundizado en el variado y rico simbolismo del relato original, pero tampoco lo hemos desechado, si bien, nos hemos focalizado en el tema de la creación de la diosa a partir de la transformación en energía de los diferentes aspectos del mundo, personificados en los dioses, que es perfectamente acorde con los postulados sobre los chakras o centros energéticos, de algunas corrientes hinduistas, especialmente el shivaismo y el tantrismo. En el shivaismo es bien conocida la representación mediante el lingam y el yoni, de los aspectos complementarios, masculino y femenino, de la energía, al igual que lo hacen, en su vertiente divina, Shiva y Shakti.

Pero la idea de trasfondo es más antigua que el propio nombre de Shiva, que aparece por primera vez en el Shvetashvara Upanishad en el 400 antes de nuestra era. Un siglo después, en el Ramayana ya es un dios poderoso, y en s. III a.e.c. los griegos vieron en él a Dionisos. Pero hasta el s. V de la era actual no cobra toda su fuerza como creencia popular. Y sin embargo, la tradición dice que no hay época en que Shiva no existiera. En el séptimo milenio a.e.c., el dios proto-indio Kueyash se representa rodeado de animales salvajes, como tigres y elefantes. En la cultura del Indo, del 3800 al 1750 a.e.c., se encontrará gran número de sellos con una figura igualmente rodeada por estos animales sentada en postura de loto, y más tarde aún, en el Atharva Veda volvemos a encontrarlo como Pushupati “dios de los animales” y “dios fálico” que se fundirá con Rudra, el dios indoiranio de la tempestad. Y todo este tiempo, aunque la larga tradición de cultura patriarcal aria ensalza sobre todo la figura masculina, el polo femenino de esa energía seguirá siendo indispensable, y la diosa irá asumiendo nuevas formas, que no pasando de una a otra, ya que no parece abandonar las primigenias. La diosa se asimila a la naturaleza en un sentido panteísta que da cabida a todas las facetas de la existencia. Parvati, “la montañesa” que vive en las cimas del Himalaya con Shiva es la diosa, como lo es Tara en la selva. En ella la Ammá maternal y la Durga terrible pueden coexistir.

En este sentido es que se incluye al final una breve referencia a los mil nombres de la diosa, que no encontramos en el Markandeya Purana, aunque si se suceden repetidas alabanzas de los dioses y los sabios a los diferentes aspectos de la diosa, y que sí hallaremos en el Kurma Purana.

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