Sobre “la manía” en Fedro

En Fedro, Platón nos presenta a un Sócrates que, no solo tiene una comprensión detallada de “la manía”, además la valora positivamente cuando esta viene a ser un arte de la locura divina.

…Porque si fuera algo tan simple afirmar que la demencia es un mal, tal afirmación estaría bien. Pero resulta que, a través de esa demencia, que por cierto es un don que los dioses otorgan, nos llegan grandes bienes. Porque la profetisa de Delfos, efectivamente, y las sacerdotisas de Dodona, es en pleno delirio cuando han sido causa de muchas y hermosas cosas que han ocurrido en la Hélade, tanto privadas como públicas, y pocas o ninguna cuando estaban en su pleno juicio. Y no digamos de la Sibila…

…es digno de traer a colación el testimonio de aquellos, entre los hombres de entonces, que plasmaron los nombres y que no pensaron que fuera algo para avergonzarse o una especie de oprobio la manía. De lo contrario, a este arte tan bello, que sirve para proyectarnos hacia el futuro, no lo habrían relacionado con este nombre, llamándolo maniké. Más bien fue porque pensaban que era algo bello, al producirse por aliento divino, por lo que se lo pusieron…

No solo rechaza que se trate de un mal, sino que resalta su papel en la inspiración profética. Es conocido como este tipo de adivinas eran tomadas por el dios que, durante el breve periodo de tiempo en que se hacía con sus conciencias, les transmitía mensajes que, posteriormente, debían interpretar. Durante esa posesión, se producía una suerte de epojé, pero no del tipo que utilizara el escéptico Pirrón, sino más cerca de la que mucho más tarde describiría Husserl, como una suspensión de la consciencia.

Sócrates utiliza la palabra Maniké, videncia natural, para distinguirla de otras, más artificiosas y de menor interés, que no buscan la conexión con los espacios numinosos de la mente.

…tanto más bello es, según el testimonio de los antiguos, la manía que la sensatez, pues una nos la envían los dioses, y la otra es cosa de los hombres. Se llegó así, a purificaciones y ceremonias de iniciación, que daban la salud en el presente y para el futuro a quien por ella era tocado…

Otra de las vías para alcanzar este tipo de manía, es el rito, nos dice. Aquí, aparece una vez más la vinculación de Platón con los Misterios de Eleusis. En el ritual, el iniciado requiere como fuerza motora la misma exaltación emotiva que la pitonisa, pero la logrará mediante unos determinados actos y objetos cargados de significado.

…El tercer grado de locura y de posesión viene de las Musas, cuando se hacen con un alma tierna e impecable, despertándola y alentándola hacia cantos y toda clase de poesía…

…Todas estas cosas y muchas más te puedo contar sobre las bellas obras de los que se han hecho ‘maniáticos’ en manos de los dioses. Así pues, no tenemos por qué asustarnos…

Son bien conocidas las referencias a descubrimientos, ideas y creación de obras de todo tipo en los campos de la filosofía, ciencia, arte y mística, surgidas en estados de conciencia inspirada, producidos tras experimentar, por algún motivo, una conmoción profunda.

…Pero hay dos formas de locura; una, debida a enfermedades humanas, y otra que tiene lugar por un cambio que hace la divinidad en los usos establecidos…

…En la divina, distinguíamos cuatro partes, correspondientes a cuatro divinidades, asignando a Apolo la inspiración profética, a Dioniso la mística, a las Musas la poética, y la cuarta, la locura erótica, que dijimos ser la más excelsa, a Afrodita y a Eros…

Sócrates distingue diferentes clases de desconexión de la conciencia, según la forma empleada. La correspondiente a Apolo, posiblemente esté relacionada con la incubación empleada por los iatromantis bajo su advocación. Es bien conocido el éxtasis de las ménades en las orgias Dionisíacas, y las Musas, por su parte, tenían la capacidad de reglar a los humanos el don de ser arrebatados por la belleza de la poesía, el teatro, la música, y el arte en general. Hay un cuarto caso, en el que se da la unión de dos dioses, Afrodita y Eros, lo femenino y lo masculino, que considera aún más excelso. Esta afirmación no desentonaría en un texto tántrico, si permutamos la locura erótica por el maithuna, a Afrodita por Shakti, y a Eros por Siva. Por cierto, los paralelismos culturales no terminan aquí. El mito de Andrógino, que Platón nos narra en el Banquete, en el cual el ser humano originario combina ambos sexos, y por una treta de Zeus queda dividido en dos, se encuentra igualmente en la tradición tántrica, así como la necesidad de volver a unir ambos aspectos en cada persona para restablecer la plenitud. En el Kularnava Tantra se describe de la siguiente forma:

En el centro del bosque de Árboles Eón hay un dosel formado por nueve rubíes. Debajo del dosel hay un trono salpicado de nueve joyas. En el trono, en un asiento triangular dentro de los pétalos del loto, está Shiva, adornado con la Luna y el Sol con la Diosa Ambika formando la mitad de su cuerpo…

No es el único paralelismo. También en Fedro reencontramos otro de los mitos más conocidos de Platón, aquel en el que se explica el comportamiento del alma con la alegoría del carro y el auriga. Esta misma alegoría, con un significado similar la encontramos en el Svetasvatara Upanishad, (2-9) “Como carro uncido con malos caballos, el sabio debería controlar la mente sin distracción”.

Es cierto que el concepto de la necesidad de reunión de lo masculino y lo femenino para retornar al auténtico ser, se encuentra en diferentes entornos culturales, como, por ejemplo, en el texto gnóstico del Evangelio según Tomás: “Ieoshúa les ha dicho: Cuando hagáis de los dos uno, y hagáis el interior como el exterior y el exterior como el interior y lo de arriba como lo de abajo, y cuando establezcáis el varón con la hembra como una sola unidad de tal modo que el hombre no sea masculino ni la mujer femenina, […] entonces entraréis en el Reino.”             

No es sin motivo que Sócrates considere la “locura erótica” la más excelsa de las manías, tan hermosamente glosada en otro de los diálogos por Diotima de Mantinea.

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