El camino para comprender directamente la Vía es la mente ordinaria, una mente desprovista de artificialidad, de juicios subjetivos, de apegos y de rechazos.
Maestro Mazu
El zen se fundamenta en la enseñanza de la mente esencial que consiste en la clara conciencia de ser lo que somos.
Maestro Fayan
Pocos creen que la esencia de la mente sea Buddha.
Maestro Fenyang
La Vía no requiere cultivo alguno, basta con no contaminarla. No es necesario que estudies zen, lo único que importa es detener la mente.
Maestro Huanglong
El autor anónimo es un místico y teólogo inglés del siglo XIV. Han llegado a la actualidad cuatro tratados originales y tres traducciones suyas. Sus dos obras principales son La Nube del No Saber y El Libro de la Orientación Particular.
Trata la contemplación como método de llegar a dios mediante el abandono de la experiencia del yo.
Los paralelismos con las prácticas del silencio de las enseñanzas hindúes del Vedanta, del Zen (chan) de Japón y China, y de algunas prácticas de budismo lamaísta son evidentes.
A continuación algunos apuntes extraídos de ambos libros.
La Nube del No-Saber
que trata de esa nube en la que el alma se une a Dios
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He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón al Señor; con un suave movimiento de amor, deseándole por sí mismo y no por sus dones. Centra tu atención y deseo en él y deja que sea esta la única preocupación de tu mente y tu corazón. Haz todo lo que esté en tu mano para olvidar todo lo demás, procurando que tus pensamientos y deseos se vean libres de todo afecto a las criaturas del Señor o a sus asuntos tanto en general como en particular.
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Lo que estoy describiendo es la obra contemplativa del espíritu.
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Es natural que al comienzo no sientas más que una especie de oscuridad sobre tu mente o, si se quiere, una nube del no-saber
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Pero aprende a permanecer en esa oscuridad.
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Pues si en esta vida esperas sentir y ver a Dios tal como es, ha de ser dentro de esta oscuridad y de esta nube.
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tengo la confianza de que Dios en su bondad te dará una experiencia profunda de sí mismo.
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El orgullo, la curiosidad y las fantasías o ensueños han de ser controlados con firmeza si es que la obra contemplativa se ha de alumbrar auténticamente en la intimidad del corazón.
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Si deseas entrar en esta nube, permanecer en ella y proseguir la obra de amor de la contemplación, a la cual te estoy urgiendo, tienes que hacer otra cosa. Así como la nube del no-saber está sobre ti, entre ti y tu Dios, de la misma manera debes extender una nube del olvido por debajo de ti, entre ti y todo lo creado.
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Para expresarlo brevemente, durante este trabajo has de abandonarlos a todos ellos bajo la nube del olvido.
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Pero te insisto en que todo aquello en lo que te detienes durante esta actividad resulta un obstáculo a la unión con Dios. Pues si tu mente está bloqueada con estas preocupaciones, no hay lugar para él.
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El pensamiento no puede comprender a Dios.
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Es inevitable que las ideas surjan en tu mente y traten de distraerte de mil maneras.
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Pues te digo con franqueza que todo aquel que desea ser contemplativo experimentará el dolor de la ardua tarea (a menos que Dios intervenga con una gracia especial); sentirá agudamente el precio del constante esfuerzo hasta que se haya ido acostumbrando a esta obra durante largo tiempo.
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Pero, créeme, las técnicas para controlar tus pensamientos se aprenden mejor de Dios a través de la experiencia que de cualquier hombre en esta vida.
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No obstante, todo aquel que aspira a la contemplación ha de cultivar el Estudio, la Reflexión y la Oración, o dicho de otra manera, la lectura, el pensamiento y la oración.
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El experto contemplativo, pues, no depende del razonamiento discursivo del mismo modo que los principiantes y los poco avanzados. Sus conocimientos surgen espontáneamente sin la ayuda del proceso intelectual, como intuiciones directas de la verdad.
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Sé cauto al vaciar tu mente y tu corazón de todo excepto de Dios durante el tiempo de esta obra. Rechaza el conocimiento y la experiencia de todo lo que es inferior a Dios, dejándolo bajo la nube del olvido. Y has de aprender también a olvidar no sólo a toda criatura y sus obras sino también a ti mismo
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Me preguntas ahora cómo podrás destruir este elemental conocimiento y sentimiento de tu propio ser.
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Procura no tomar las cosas espirituales de que te hablo en sentido literal.
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Has de cuidar, en particular, las palabras «dentro» y «arriba», por el gran error y decepción que puede producir en la vida de los que se han propuesto ser contemplativos, la distorsión del significado que está detrás de estos vocablos.
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En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.
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La razón, la voluntad, la imaginación y la percepción sensorial son las potencias con las que el hombre opera para elaborar los datos de la realidad.
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Tus sentidos y facultades quedarán frustrados por falta de algo donde agarrarse y te increparán por no hacer nada. Pero no te preocupes. Sigue con esta nada,
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En realidad, así debe ser, ya que esta nada es tan sutil que los sentidos no pueden alcanzarla. No puede explicarse, tan sólo experimentarse.
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Es importante comprender que en la vida interior no debemos tomar nunca nuestras propias experiencias (o la falta de ellas) como norma para otro cualquiera.
El libro de la Orientación Particular
Cuando te retires a hacer oración tú solo, aparta de tu mente todo lo que has estado haciendo o piensas hacer. Rechaza todo pensamiento, sea bueno o malo.
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Trata de que no quede en tu mente consciente nada a excepción de un puro impulso dirigido hacia Dios.
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Él es tu ser y en él tú eres lo que eres, no sólo porque él es la causa y el ser de todo lo que existe, sino porque él es tu causa y el centro profundo de tu ser. En esta obra de contemplación, por tanto, has de pensar en él y en ti de la misma manera: esto es, con la simple conciencia de que él es como es y de que tú eres como eres. En este sentido tu pensamiento no quedará dividido o disperso, sino unificado en él, que es el todo.
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Mantén tu pensamiento totalmente desnudo, tu afecto limpio de todo querer y tu ser simplemente tal como eres.
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Estoy seguro de que incluso el hombre o mujer menos culto, acostumbrado al más primitivo estilo de vida, puede aprenderlo fácilmente.
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De todos modos, no pienses en lo que eres sino que eres o existes.
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Sin duda, cuando comiences este ejercicio, tus facultades indisciplinadas, al no encontrar carne con que alimentarse, te increparán airadamente para que lo abandones. Te pedirán que emprendas algo más digno, que significa, por supuesto, algo más adecuado a ellas. Pero ahora tú estás entregado a una obra tan por encima de su actividad acostumbrada, que piensan que estás perdiendo el tiempo.
Mantente, por tanto, recogido y anclado en el centro profundo de tu espíritu y no te vuelvas atrás para actuar con tus facultades bajo ningún pretexto por sublime que sea.
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No entiendas mal mis palabras. No dije que debas desear no-ser, pues eso sería locura y blasfemia contra Dios. Dije que debes desear perder el conocimiento y la experiencia del yo.
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Has de comprender y experimentar por ti mismo que si no pierdes tu yo, no alcanzarás nunca tu meta.