Dar forma al símbolo

A Hernán y a otros que, como él, gustan de “experimentar” las formas.

En el arte, la ciencia, la filosofía o la mística, encontramos la misma dificultad para describir los momentos de inspiración más vibrantes, conmovedores incluso para la persistencia misma del ser que lo experimenta. La conciencia, en la vigilia cotidiana, da forma a los estímulos de manera constante y automática, pero en esos estados especiales, se entra en un mundo que parece no ajustarse a estas formas.

Pero la conciencia, aun así, intenta completar ese acto, porque está integrado en lo más esencial de su funcionamiento. Una de las vías que encontramos con cierta frecuencia es a través de los símbolos.

Al indagar en la utilización de símbolos, descubrimos que aparece en las expresiones primitivas del hombre en todas las civilizaciones. Las figuras geométricas se encuentran en los primeros dibujos en piedra, en cavidades de todo tipo. Arqueólogos y neuropsicólogos han estudiado el fenómeno[1], enfocando la atención sobre la conciencia durante los estados de trance y usando como sujetos de estudio a los chamanes.

Proponen que el trance pasa por tres etapas. En la primera, la visión se llena de formas geométricas, en la segunda se da sentido a estas formas cargándolas de significados, según los contenidos emocionales y religiosos del sujeto, y en la tercera todo esto pasa a la periferia de la visión, que es invadida por la luz.

Seguramente la experiencia chamánica no es compartida por muchas personas que, sin embargo, sí pueden reconocer la vivencia de acceso a esos espacios inusuales de nuestro interior. Pero es llamativa la presencia de los símbolos desde la creación de los más tempranos  métodos de alcanzar esos lugares alejados de lo profano.

Aristóxeno nos cuenta que cuando iban a escuchar una lección de Platón sobre el Bien, esperando un desarrollo sobre la felicidad o la moral, este los sorprendía con un discurso sobre matemáticas, astronomía, los números y la identidad del Bien y el Uno. Desde la aseveración de que lo que está arriba es como lo que está abajo, de la Tabla Esmeralda, hasta Goethe afirmando que lo que está adentro está también afuera, encontramos el mismo paralelismo mágico[2]. Un sistema de analogías que en el pitagorismo ya conformaba relaciones entre las esencias de las formas geométricas, el cosmos y el hombre. Quizás la explicación de este paralelismo se halle en la intuición o la comprensión de que si la conciencia necesita dar forma a los objetos del mundo, esta forma intermedia entre la materia y la conciencia.

Hace poco, impartiendo una clase de programación, explicaba cómo utilizar las regresiones para crear un modelo capaz de pronosticar resultados. Mientras hablaba me daba cuenta de que todo el esfuerzo radicaba en dibujar, de la mejor forma posible, una línea que representara la tendencia de un comportamiento. De nuevo un dibujo enlazado a un sentido. Pero lo realmente admirable era que alguien se dirigía a mí para hacerme una consulta, y, escuchando, no podía sino maravillarme de la capacidad que tenemos al hablar de utilizar signos, símbolos y significados, haciendo referencia a conceptos u objetos, en un flujo continuo, con la mayor sencillez y naturalidad.

Estas capacidades y funcionamientos son los que nos habilitan para generar auténticos símbolos, llenos de significado, por el isomorfismo entre dos realidades, una interna y otra externa.

Por otra parte, en esos momentos especiales de los que hablábamos al comienzo, digamos de inspiración, es cuando alcanzamos a comprender la coincidencia plena de la conciencia y la realidad, no como causa de la alucinación, sino de la visión despejada.


[1] The Signs of All Times. Entoptic Phenomena in Upper Palaeolithic Art, by J. D. Lewis-Williams and T. A. Dowson. Published by: The University of Chicago Press on behalf of Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research. 1988.

Los Chamanes de la Prehistoria. Jean Clottes y David Lewis-Williams. Ariel Historia. 1996.

[2] Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot. (1969)

Foto: Jose García – Santa María la Real de Olite.

1 comentario

  1. Avatar de Hernán Hernán dice:

    Muchas gracias Jose. Un fuerte abrazo.

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